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Tiene que verse mucho cine

FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE MONTERREY 2010

Lic. Edui Tijerina Chapa,  M.E.S.

Durante la década de los 60, cuando los maestros Aliber Medrano, Roberto Escamilla y Gherardo Garza Fausti, entre otros, comenzaron a hacer cine en Monterrey, el rechazo y menosprecio de la mayoría no se hizo esperar.

El cine era visto como una actividad superficial, inútil, con poca posibilidad de aporte, en fin.

Sin embargo, con el correr de los años, el país entero ha sido testigo de la efervescencia que se ha dado, y que sigue, ojalá que por mucho tiempo, en nuestro Estado, y particularmente en Monterrey, en relación a la producción cinematográfica.

Esa efervescencia es loable, porque ha dado lugar a un semillero de directores, productores, cinefotógrafos, guionistas, etc. Pero también ha detonado una moda que llama la atención de muchos que, sin tener idea clara sobre lo que es el quehacer cinematográfico, piensan sólo en la fama, la alfombra roja y la exposición mediática, dejando de lado la gran responsabilidad que implica llamarse “cineasta”.

Afortunadamente, cada vez son más las casas productoras, los equipos de trabajo, las herramientas de apoyo y líneas de difusión. También se ha visto que las Universidades han encaminado sus programas de estudio hacia estas áreas y se han abierto escuelas y talleres serios que, en conjunto, informan, capacitan y refuerzan en los participantes el sentido riguroso y de fondo de lo que implica –en lo estético, en lo comercial y en lo comunicacional- “hacer cine”.

El corolario de estos esfuerzos ha sido, sin duda, el Festival Internacional de Cine de Monterrey (FIC Mty) que, pese a los pronósticos en contra y a baches administrativos y hasta ideológicos, ha ido avanzando a pasos agigantados, a grado tal que con apenas 6 ediciones, se ha colocado ya entre los más importantes no sólo de México, sino de América Latina.

Este foro, en el que anualmente se presentan trabajos de todo el mundo, se construye una plataforma sobre la que se mueven, conviven, comparten y crecen cineastas de muy diversas visiones, especialistas en distintas áreas de la producción, público y representantes de medios, con el objetivo claro de analizar el estado de las cosas en el ámbito cinematográfico, pretendiendo comprender mejor el avance, el aquí y ahora y el futuro de esta herramienta expresiva.

Nuevo León en general y Monterrey en lo particular, son ahora el foco de atención de los cada vez cineastas y cinéfilos interesados en el cine mexicano y, concretamente, en la oleada de producciones –tanto de cortos como de largometrajes- que se trabajan en la localidad.

La comunidad cultural se ha visto sumamente beneficiada porque al volcar la mirada al cine, no sólo como una veta de entretenimiento, sino también como una manifestación artística, con profundas implicaciones económicas, sociales y hasta conductuales, ha encontrado un amplio abanico de posibilidades tanto analíticas como de participación activa.

Finalmente, el cine confluye disciplinas como la literatura, la música, la actuación, la arquitectura (en sus decorados), la pintura (en sus principios de estética y encuadres fotográficos) etc.  Siendo así, nadie puede negar que –independientemente de si se esté de acuerdo o no con la etiqueta de “Séptimo Arte”- este recurso expresivo es, hoy por hoy, uno de los de mayor atractivo e impacto.

Hace unas semanas me tocó leer en prensa una nota en la que se afirmaba que, curiosamente, y contrario al movimiento del que he venido hablando, “Los Regios no vemos cine mexicano, negando –con eso-  el voto de confianza a la producción nacional”.

Ignoro si es cierto o no.  Tendría que hacerse un estudio mucho más a fondo en términos de preferencias y afluencia a las salas. Lo que sí es cierto es que para moverse en el terreno del cine, tiene que verse cine. Mucho cine.

Nadie puede activarse en áreas que desconoce; y enterarse de lo que se está haciendo, cómo se está haciendo, en qué contexto, bajo qué circunstancias y con qué perspectivas, es algo que todo cineasta local, regional y nacional debe tomar en cuenta.

Por lo anterior, enhorabuena a todos los involucrados en este gran evento, en esta gran fiesta del cine.  Enhorabuena, también, a Nuevo León, porque al fin, después de tanto picar piedra sobre el tema, se ha caído en cuenta del gran valor que la filmografía de una sociedad representa como documento histórico y como reflejo de los gustos, modas, tendencias, costumbres y expectativas de un grupo social en el continuo del tiempo.

Y que venga el FIC Mty 7, y el 8, y el 9…porque SIEMPRE habrá cine, y porque Monterrey es, con todo y contra todo, por SIEMPRE.

2 comentarios

Roberto Villarreal says:

Solamente como aclaración, el Mtro. Tijerina quizás pensó y quiso decir Roberto Escamilla en lugar de Roberto Villarreal: Honor a quien honor merece.

Edui Tijerina says:

Saludos, maestro. En el texto se lee el nombre de Roberto Escamilla, pues -efectivamente- él, así como el maestro Fausti y el Sr. Medrano, tuvieron que ver con el detonador de la oleada cinematográfica en nuestro Estado, allá por los 60 y 70.
Muy buena semana y mis mejores deseos.

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